Palacio de los Capitanes Generales, testigo del tiempo y la historia

FotosPL: Vladimir Molina

Por Gustavo Robreño Díaz *

La Habana (Prensa Latina) El Palacio de los Capitanes Generales, en el Centro Histórico de La Habana, es ‘el mejor edificio que nos legó la colonia’, aseveró en 1925 el arquitecto y urbanista cubano Pedro Martínez Inclán.
Desde su fundación, en 1519, y hasta mediados del propio siglo XVI, la villa de San Cristóbal de La Habana no contaba con un lugar destinado a las funciones de gobierno.

Las autoridades locales celebraban sus reuniones en la casa del gobernador, que para entonces era una mísera vivienda de tabla con techo de guano.

Cuando Diego de Mazariegos asumió el mando de la Isla (1556-1565), es que por disposición real se trasladó desde la oriental ciudad de Santiago de Cuba hacia La Habana la capitanía general, a la cual se destinaban fondos públicos.

De esa forma, fue posible transformar la casa de gobierno en un modesto inmueble de dos niveles, paredes de tierra, pisos de madera y un gran balcón en la segunda planta.

Con el tiempo aquella casa se deterioró y en diciembre de 1602 el entonces gobernador Pedro Valdés describió al mismísimo Rey el estado ruinoso del edificio, al punto que se llegaron a celebrar las sesiones del cabildo en el Castillo de la Real Fuerza.

En 1625, ante la imposibilidad de contar con fondos para construir o adquirir un recinto adecuado, se optó por alquilar casas a familias adineradas para llevar a cabo en ellas las periódicas reuniones de la junta de gobierno.

De esa manera se desarrollaron las actividades administrativas y de regencia de la villa hasta bien entrado el siglo XVIII, cuando en enero de 1773 el gobernador y capitán general de ese momento Felipe Fons de Viela, Marqués de la Torre, propuso a las cortes construir un inmueble propio para los quehaceres gubernamentales.

RESIDENCIA, CASA CAPITULAR Y CÁRCEL

FotosPL: Vladimir Molina

Se solicitaba de ese modo la venia real para la demolición de la vieja Parroquial ?en estado ruinoso desde junio de 1641, cuando la caída de un rayo que hizo volar varios inmuebles próximos a la bahía? para comenzar la construcción en ese lugar de un edificio que hiciera las veces de residencia del Gobernador, Casa Capitular y cárcel.

Los trabajos se iniciaron en 1776 a partir de un proyecto del coronel de ingenieros del ejército español, de origen cubano, Antonio Fernández de Trevejo y Zaldívar, precisamente uno de los bizarros defensores del Torreón de la Chorrera durante el asedio y captura de La Habana por los ingleses en 1762.

En 1790, al llegar a Cuba el gobernador Luis de las Casas, Conde de Aranda, la obra estaba ya en fase de terminación y el recién llegado pudo instalarse allí con su familia, con lo cual se convirtió en el primer morador oficial.

La entrada al cabildo y residencia era por la calle Obispo y a la cárcel se accedía desde la de Mercaderes.

A finales de 1791, aún sin terminarse, se bendijo el confortable palacio.

No obstante, la Casa de Gobierno, o Palacio de los Capitanes Generales como se le conoce popularmente hasta hoy, terminó de construirse en 1838, cuando gobernó la Isla el general Miguel Tacón.

Fue el coronel de ingenieros Manuel Pastos quien hizo las modificaciones finales al proyecto original que conllevaron al envío de los presos a la Nueva Cárcel, también conocida como Cárcel de Tacón.

Un documento de la época describe el imponente palacio como ‘un cuadrilátero de ochenta varas exteriores por cada uno de sus lados, todos de zócalos graníticos y de gruesa y solidísima mampostería’. Y añade: ‘por el piso inferior presenta una galería o portal de diez columnas de piedra bien labradas que forman hasta nueve arcos iguales’.

EL MEJOR EDIFICIO QUE NOS LEGÓ LA COLONIA

No resulta exagerado asegurar que esos anchos muros y lujosos salones han sido ?a lo largo de casi dos siglos? mudos testigos de acontecimientos trascendentales de la historia de La Habana y de la nación cubana en general.

En sus salones se llevaron a cabo en 1898 las ceremonias oficiales del cese de la dominación española en la Isla y de su ocupación militar por los Estados Unidos, y luego, en 1902, la de instauración, aún bajo tutela norteamericana, de la mediatizada República de Cuba.

De acuerdo con la tradición heredada de España, a partir del propio año 1902 el Palacio de los Capitanes Generales se convirtió en vivienda del presidente de la República.

Posteriormente, con la inauguración en 1920 del Palacio Presidencial, actual Museo de la Revolución, como residencia oficial del primer mandatario, el emblemático edificio colonial pasó a ser sede del Ayuntamiento y la Alcaldía de La Habana. Su valía patrimonial se duplicó cuando a partir de 1938 se estableció allí la Oficina del Historiador de la Ciudad, bajo la dirección del doctor Emilio Roig de Leuchsenring (1889-1964).

En 1967, el gobierno revolucionario decidió comenzar a reparar el vetusto edificio con el propósito de instalar en él ?como se mantiene hasta hoy? el Museo de la Ciudad de La Habana, cuya apertura oficial se produjo en 1968.

Sucesivas restauraciones permiten al inmueble mantener en sus espacios interiores el embrujo propio del ambiente señoril y pomposo del que fue testigo excepcional.

Por demás, su regia arquitectura es para muchos el punto de partida y símbolo incuestionable de la inmensa obra restauradora y de rescate que constituye el Centro Histórico de la Habana Vieja, declarado por la Unesco en diciembre de 1982 Patrimonio Cultural de la Humanidad.

*Periodista y colaborador de Prensa Latina.